sábado, 17 de marzo de 2012

Un vecino de Valencia

   Hace dos días este vecino de Valencia escribió un texto para publicarlo en su blog. Eran una letras que hablaban sobre el valenciano, su carácter, su actitud ante la vida, en fin, sobre esas cosas que garabatea quien en algún momento, falto de mejores ideas, no sabe que escribir y decide hablar de los demás, generalizando, a sabiendas de que casi muy probablemente acabará equivocado. Aprovechando las fiestas falleras, este vecino de Valencia vio buen momento para ello, y además quiso ilustrarlo con alguna fotografía que ayudara a darle la razón. En esas estaba, hace un día, cámara fotográfica sobre el pecho, cuando al tratar de fotografiar la iluminación de una calle, primer premio de luces este año, vio como un individuo con una máscara y una pancarta de medianas dimensiones en la que se leía: “Ellos mandan porque tú obedeces”, se interpuso entre este vecino de Valencia, fotógrafo ocasional, y el objeto que quería fotografíar, una engalanada torre Eiffel de mentirijillas, toda luz y color. Este vecino de Valencia, apostado, cual paciente cazador agazapado a la espera de su presa, aguarda el momento decisivo. Transcurren unos minutos, pero el individuo de la máscara, posiblemente miembro extraviado de los indignados locales, incansable, mantiene su pancarta en todo lo alto. Cerca de él hay otro individuo con la cara descubierta y sin pancarta en las manos. Tiene aspecto de estar en esa frontera que separa la madurez de la segunda edad y la también madura tercera edad. Pero este vecino de Valencia pronto, más bien enseguida, se olvida de él. Lleva, fastidiado, un buen rato sin poder hacer la foto que desea, y casi vencido, comienza a desear que las peores desgracias caigan sobre tan inoportuno obstáculo humano o al menos sobre su pancarta, que con eso quedaría la fotografía hecha y el asunto por el que está allí resuelto. Pero no, nada aparta al activista del lugar en el que ha echado raíces. Por fin este vecino de Valencia claudica. Está a punto de irse cuando el individuo sin máscara, sin pancarta, el que vio antes, se ha situado a su lado y le dice:
   ─ ¿Qué le parece eso?
  A este vecino de Valencia, le enseñaron de pequeñito a no hablar con desconocidos, pero siempre resulto algo rebelde, siempre hizo lo que quiso, bueno casi siempre, y se decide a preguntar también:
   ─ ¿Eso?
  ─ Sí, ¿le parece a usted bien que moleste así a los demás?, ¿le parece bien que suceda algo así en una ciudad como Valencia?
   ─ ¿Se refiere a ese señor de la pancarta? Sí, me ha fastidiado, llevo un rato esperando que se aparte y no lo hace, pero tampoco está haciendo nada malo. No se mete con nadie, no insulta a nadie. También me molesta que ese otro señor que esta a su lado tenga a su hijo sobre los hombros, pero también me aguanto, tampoco está haciendo nada malo, tampoco se mete con nadie ni insulta a nadie. ¿Le molesta a usted que ese otro señor mantenga a su hijo pequeño sobre los hombros para que vea mejor?
    ─ No, no, pero… no es lo mismo. Yo he vivido muchos años en Valencia, y que esto suceda en una ciudad así.
     Este vecino de Valencia, pacífico como es, ahora sí que está empezando a perder la paciencia.
   ─ Bueno, yo también he vivido aquí muchos años, en realidad los he vivido todos, aunque no se qué tiene que ver esto con lo que me está diciendo. Pero, mire, le diré algo, me molestaba mucho hasta hace un momento que ese individuo con la máscara y la pancarta estuviera ahí, pero ahora casi hasta me alegro, ponga lo que ponga en la pancarta. Incluso, hasta puede que tenga razón en lo que lleva escrito.
    ─ Ya, pero es que no esta bien, es una mala imagen para Valencia.
    ─ Bueno, no creo que esto suceda solo aquí, pero la mala imagen se daría por lo contrario. ¿Sabe usted quien era Voltaire? ─le pregunto, mientras este vecino de Valencia le mira a los ojos y cree descubrir que no sabe quien fue─ Bien, pues Voltaire dijo…; bueno da igual. Mire, no le diré si estoy conforme o no con lo que dice ese individuo de la máscara, pero defiendo que lo diga si quiere. Ya veo que usted no.
    ─ Bueno, tampoco es eso.
    ─ Pues me alegro entonces.
    ─ Bueno, pues adiós.
    ─ Adiós.
   Y este vecino de Valencia, dio gracias de que el individuo de la máscara y la pancarta aún estuviera allí. 

  

8 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Y al final salió el cartel en la imagen, inevitablemente :)
Lo cual no quita para que esa torre eiffel me haya dejado sin habla. Menuda explosión de luz y color. Es posible que todo el mundo sea artista en Valencia?

Feliz tarde de sábado, que siga disfrutando usted de esas magníficas fiestas.

bisous

Katy dijo...

Bueno es una anécdota. Tanto derecho tenía el uno a fotografiar aquella torre, como el que se situo en plena calle con su pancarta, como el padre con el niño en brazos, o un colegio entero. La calle es de todos y seguro que no lo hizo con ánimos de fastidiar al buen fotógrafo. Era un buen sitio.
Pero eso de que todo tiempo pasado fue mejor, y que nunca pasaba nada de esto antes, denota que se está haciendo mayor, y se quedó anclado en el tiempo, y seguramente que sería igual o peor. Quién sabe.
Un abrazo y feliz finde Dlt.

alma dijo...

Vecino de Valencia, ciudadano del mundo y mi amigo: un abrazo de dos vueltas que me hubiera encantado darte dos besos bien grandes después de verte discutir con el cafre.

Ah y la foto me encanta.

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

En realidad, Alma, no fue para tanto. Fue todo bastante correcto y educado, solo que me pareció que había unas cuantas ies sin punto, y había que ponerlos. En cuanto vio que había pinchado en hueso, se fue. Tomo encantado tus besos amiga y te envío otros.

Valverde de Lucerna dijo...

Es curioso pero molesta que otros te indiquen lo que debes o no pensar y busca el asentimiento, eso quizás es lo que incita más a la respuesta cuando en condiciones normales nos callaríamos y seguiríamos nuestro rumbo.
Por cierto, la foto es una pasada.
Un saludo.

Manuel dijo...

Afortunadamente quedo en eso, pero si el del cartel tiene posibilidad de expresarse, quien saca la foto también...

La foto genial, con todo y cartel.

Saludos Marques.

PiliMªPILAR dijo...

Es que ya ponemos a remojar nuestras barbas solo cuando las del vecino, ¡pobrico!, están a medio despellejar.
Parecería un relato semificción, pero: Quiérase o no, son ocurrencias de la vida tal cual. De los unos, unos. Y los otros, exactamente otros.
Felicitaciones por las fotos y por la ilustración.

Manuel dijo...

"Le metiste las cabras en el corral"
como se dice aquí.
Sorprendido he quedado al ver esta fotografía y la de la entrada anterior; ya que desconocía esta formar de decorar las calles, y me ha impresionado gratamente; lo considero un arte más de los muchos que tenéis los valencianos.
Un abrazo amigo.

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